Mi amiga peluda:

reflexiones Jan 10, 2022

Hoy mi corazón se siente triste, triste por decirle adiós a una de las amistades más sinceras, desinteresadas y largas que he tenido en vida. Mi querida y única amiga peluda: monchita.
Llegaste a mi vida cuando yo solo era una niña, tenía 11 años y tú eras una pequeña y pirruñita  bola de pelos  rubios,  no podíamos decir que raza eras, porque eras el vivo ejemplo de que lo mejor de esta vida no tiene un solo origen. Dejaste de ser bebé y yo intentaba dejar de ser una niña, querías jugar y yo quería dejar de hacerlo. Pasaste de ser la perrita juguetona a la perrita más lista que he conocido, la vida te educo y tu tremenda capacidad de observar y aprender te hizo ser capaz de pedir lo que querías y de entender y atender lo que te decíamos. Nos hicimos amigas sin darnos cuenta, pero sé que lo fuimos porque ambas estuvimos juntas la una para la otra. Me viste pasar de ser niña a una adolescente, me viste enamorarme y desenamorarme, me acompañaste a mirar la luna cuando como toda una adolescente subía a lo más alto de mi casa a buscar respuestas en la inmensidad del cielo.  Te gustaba sentarte cerca de mi pies, mientras yo hacía mis tareas,   para ver si por un descuido o con intención, yo meneaba mi pie y te hacia caricias en tu peluda y sube pancita.   
Como olvidar esos ojitos cafés, esos ojitos cubiertos con tu larga melena, ojitos que expresaban tanto y que me hacían cantarte con alegría… que chulos ojos, los que tiene esa linda Moncha que estoy mirando.
Me gustaba cantarte y sentía yo, que te gustaba que te cantara, me gustaba como me mirabas con atención y amor cuando lo hacía, tal como una novia enamorada en plena serenata.
Hoy mientras nos despedíamos, no pude evitar recordar la angustia que sentí hace varios años, cuando tras una noche de cuetes de año nuevo te asustaste y desapareciste por varias semanas.  Yo pensé que ya no te veríamos. Pero qué alegría en aquella mañana de sábado en que tallabas la puerta  de mi casa con tanta fuerza como diciendo despiértense, ábranme familia que ya regrese! Así como toda una hija prodiga volviste, No sé y nunca supimos lo que tuviste que pasar para poder regresar pero volviste, porque sabias que nuestra casa era tu hogar.
Pasaron los años y te hiciste viejita, la perrita viejita más olorosa que he conocido. Pero eso si amorosa y agradecida como siempre lo fuiste. Hoy nos tocó despedirte, me tocó verte apagar tu luz, me toco sentir tu último aliento mientras acariciaba tu peluda panza y miraba esos cafés que tanto amor expresaban. Y solo puedo decirte que: Llegaste como un regalo  (que ni siquiera era para mi) y como un regalo fuiste toda tu vida. Gracias por ser la mejor amiga perruna.
 
No son solo nuestra mascota: son parte de la familia, son parte de nuestra historia, son parte de lo que somos, son parte de nuestra vida.
 
Hoy lo reafirmo, sin duda el MEJOR AMIGO DEL HOMBRE… te escuchan sin aconsejarte, te enseñan sin manipularte y te acompañan sin reprocharte.  

Soy un ser humano que necesita rituales para sentir que suelto y sentir que sano. Y escribir esta carta hoy ha sido mi ritual de amor para despedir a mi Monchita.

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